Con Bauza al mando, Argentina continuó basándose en jugadas individuales de sus estrellas establecidas como Messi, Agüero, Higuaín y Di María, pero con un flojo rendimiento colectivo, especialmente en fechas clave: en eliminatorias consiguió apenas tres victorias (Uruguay, Colombia y Chile), dos empates (Venezuela y Perú), y tres derrotas (Paraguay, Brasil y Bolivia), terminando en zona de repechaje. Con un flojo rendimiento individual y colectivo, el subcampeón de 2014 no pudo repetir las buenas actuaciones que la habían llevado a la final cuatro años antes, y finalizó en el fondo de la tabla en el puesto 16º, su peor resultado en un Mundial desde 2002 (donde había quedado afuera en fase de grupos).